La concentración de CO2 sigue creciendo a pesar de la crisis sanitaria causada por el Covid-19

Actualizado: 8 de abr de 2020

Hace unos días vimos cómo la interrupción drástica de la movilidad de la ciudadanía debido al coronavirus hizo que los niveles gases contaminantes como el NO2 se redujeran hasta alcanzar niveles incluso por debajo de lo permitido por la OMS (Organización Mundial de la Salud), que es donde deberían estar siempre para proteger nuestra salud. El confinamiento, medida adoptada para frenar la curva de contagio del virus, ha hecho que se quedaran aparcados muchos vehículos, la principal fuente de contaminación de las ciudades.

También las emisiones de gases de efecto invernadero, como el CO2, causantes del cambio climático, se han reducido de forma drástica por la crisis. Por ejemplo, en China, el mayor emisor de CO2 del mundo, se estima que las emisiones en febrero se redujeron en torno a un 25%.

Sin embargo, a pesar de que por la crisis del covid estamos emitiendo menos, todavía la cantidad de CO2 que ya hemos acumulado en la atmósfera es demasiado alta. Greenpeace alerta de que, pese a la reducción de las emisiones en algunos sectores como el transporte y el eléctrico, la concentración de CO2 en la atmósfera no baja sino que sigue aumentando. Consecuentemente, la crisis sanitaria no está contribuyendo a paliar la otra gran crisis a la que se enfrenta el mundo: el cambio climático.



Fuente: NOAA


Según los datos de la NOAA (Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos), la concentración de CO2 que se acumula en la atmósfera no ha dejado de crecer desde que empezaron los registros en 1958: la media entre enero y marzo de este año ha alcanzado las 413,89 partes por millón (ppm), frente a las 411,6 ppm del mismo periodo de 2019

Fuente: NOAA Descargar gráfico y/o datos


La reducción puntual de las emisiones de CO2 no paliará la emergencia climática

Ya se han hecho algunas estimaciones sobre qué nivel de reducción puntual de emisiones causará la crisis del coronavirus, debido a la disminución, drástica pero transitoria, de las actividades que producen esas emisiones: Alemania podría emitir entre 50 y 120 millones de toneladas menos de CO2 este año por la enorme bajada en la demanda de electricidad. En la ciudad de Nueva York se estima una caída del 5-10% de las emisiones de CO2 y una caída sólida en el metano y, en España, la reducción del transporte por carretera se ha estabilizado en el 70% tanto en ámbito interurbano como metropolitano, mientras que el número de vuelos con origen o destino en España ha caído más de un 90%.

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha señalado, además, que la demanda de petróleo de este año ha caído por primera vez desde 2009 (en torno a 90.000 barriles de petróleo/día respecto a 2019) debido a la profunda contracción del consumo de petróleo en China y a las importantes perturbaciones en los viajes y el comercio mundiales. De hecho, los datos más recientes indican que la demanda de petróleo se ha hundido un 25%, como si toda Norteamérica (EEUU, Canadá y Méjico) dejasen de consumir petróleo de golpe.

Ante estas proyecciones y datos, desde EcoHeroes subrayamos que, aunque las reducciones puntuales en las emisiones no van a paliar la crisis climática, sí deberían servir para iniciar los cambios profundos y necesarios para reducir las emisiones a cero.

La comunidad científica insiste en que la próxima década es decisiva para evitar los peores impactos del cambio climático. Para Ecoheroes, este punto de inflexión puede y debe ser un motor de la recuperación económica y ser la base de la prosperidad a largo plazo. Los gobiernos deben asegurarse de que se abandonan las subvenciones a los combustibles fósiles y que los apoyos e inversiones públicas se destinan a actividades productivas que garantizan la sostenibilidad del planeta. Toda iniciativa de rescate debe centrarse en las personas y en el caso de empresas debe condicionarse a criterios sociales y ambientales.

Insistimos, además, en que el impulso y la financiación en los sectores de las energías renovables, la renovación de edificios energéticamente eficientes, la gestión de la demanda, la movilidad sostenible y la agricultura ecológica serían generadores de empleo, concretamente, de 24 millones de nuevos puestos de trabajo en todo el mundo para el año 2030, según estimaciones de la OIT.

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